{"id":41,"date":"2019-01-14T23:16:44","date_gmt":"2019-01-14T23:16:44","guid":{"rendered":"http:\/\/xeniarambla.com\/?p=41"},"modified":"2019-01-16T14:02:01","modified_gmt":"2019-01-16T14:02:01","slug":"gaticidio","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/xeniarambla.com\/?p=41","title":{"rendered":"GATICIDIO"},"content":{"rendered":"\n<pre class=\"wp-block-code\"><code>                                                                                                                           <\/code><\/pre>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Miaaaaaauuuuuuuu!<br> Javier sacudi\u00f3 la cabeza, sin convicci\u00f3n. <br> \u2014Tu madre no te va dejar.    <br> \u2014\u00bfQu\u00e9 te apuestas?<br> \u2014\u00bfQu\u00e9 me voy a apostar?  Si est\u00e1 cantado.<br> \u2014Tres duros, chaval. Ya lo ver\u00e1s.<br> Volvieron a la aldea. Por la alameda de los vencidos. Un camino pedregoso donde, dec\u00edan, se hallaban sepultados los rojos, fusilados y enterrados en fosa com\u00fan. Era un pueblo conquense dividido en sus emociones, en sus vivencias, como el resto. Y los paisanos muy beatos, muy estrictos. La madre del Inda tambi\u00e9n.<br> Javier entr\u00f3 a la casona. Un caldero de carne humeaba en la lumbre, y la t\u00eda Benigna remov\u00eda el guisado con cuchar\u00f3n de madera.<br> \u2014T\u00eda.<br> \u2014\u00bfQu\u00e9 tripa se te ha roto, rapaz?<br> \u2014Que digo yo que si le propusieran tener un hu\u00e9sped\u2026<br> \u2014Pero \u00bfqu\u00e9 tontadas dices, muchacho? \u00bfqui\u00e9n va a querer venir aqu\u00ed?<br> \u2014No si querer, querer, no es. Pero si le trajeran\u2026<br> \u2014Su\u00e9ltalo ya, ni\u00f1o bobo. Si trajeran \u00bfa qui\u00e9n?<br> La t\u00eda Benigna empezaba a perder la paciencia. Se remang\u00f3 la camisa y se mes\u00f3 las manos en el delantal. Su mirada denotaba exasperaci\u00f3n.<br> \u2014Es que, son gatitos. Reci\u00e9n nacidos.<br> La anciana estall\u00f3 en carcajadas.<br> \u2014Acab\u00e1ramos. \u00bfAs\u00ed que son mininos?<br> \u2014S\u00ed.<br> \u2014Pues sabes que no me gustan los gatos. Satan\u00e1s se encarn\u00f3 en uno de \u00e9sos.<br> \u2014Satan\u00e1s no existe, t\u00eda.<br> \u2014Demonio de chiquillo. \u00bfNo va a existir?  Te quiero confesado y comulgado. Y basta de tonter\u00edas. \u00a1Venga!<br> Javier comi\u00f3 en un periquete.  Durmi\u00f3 una siesta de zozobra, donde centenares de gatos se revolv\u00edan en la Cueva del Madero, y sus maullidos se escuchaban en la parroquia. El cura callaba de s\u00fabito asustado. Y la t\u00eda Benigna se re\u00eda, se re\u00eda\u2026<br> Esa tarde se confes\u00f3. Que el diablo exist\u00eda, le asever\u00f3 el sacerdote. Dos avemar\u00edas de penitencia y a misa el domingo a las ocho, donde recibir\u00eda la sant\u00edsima comuni\u00f3n.<br> A la ma\u00f1ana siguiente, camino del instituto \u2026<br> \u2014\u00a1Inda, espera!<br> El chico llevaba los ojos hinchados, hinchados de tanto llorar.<br> \u2014\u00bfQu\u00e9 ha dicho tu madre?<br> \u2014Pues que no.<br> \u2014Si ya te lo dec\u00eda yo. Mi t\u00eda dijo lo mismo.<br> \u2014Tres duros te debo.<br> \u2014Te los guardas.<br> El Inda era un buen chico. Sensible como ninguno. Cumplidor de su palabra. Su madre era una vieja amargada, porque al padre lo mataron en la guerra. Y le dieron sepultura con los otros, en la alameda. Por eso lo pagaba con el ni\u00f1o. Broncas por todo. Y alg\u00fan tortazo en la cara. El lloraba y se escond\u00eda, para que no lo vi\u00e9ramos llorar. Ni la marca de la mano.<br> Pasaron muchos d\u00edas. Y a Javier no se le iba de la cabeza la camada de gatitos. Sin madre. Sin alimento. Los dos amigos les llevaban leche y panecillos al salir de clase. Pero un d\u00eda el Inda vino con una marca en la cara. Su madre lo hab\u00eda pillado hurgando la despensa. Para los gatos. Y Benigna ten\u00eda la alacena bajo llave. As\u00ed que los gatitos, que llevaban dos d\u00edas sin comida, iban a morir.<br> \u2014A la salida nos vamos, Javier. A la Cueva del Madero. <br> \u2014\u00bfTienes comida?<br> \u2014Tengo un lugar donde llevar a esos desdichados.<br> \u2014\u00bfUn lugar Inda? \u00bfQu\u00e9 lugar es \u00e9se?<br> \u2014Uno donde no sufrir\u00e1n m\u00e1s.<br> Y se sec\u00f3 una l\u00e1grima que ca\u00eda por su mejilla rolliza y pecosa, como si los gatos fueran personas, o parientes suyos. El Inda amaba a esos gatitos. A todo el mundo.<br> Llegaron a la guarida de los cachorrillos. Los tomaron en sus brazos, eran seis o siete. Acurrucados en un rinc\u00f3n, diminutos, casi sin pelo, sonrosados y fam\u00e9licos. Sus maullidos se met\u00edan en el cerebro de los dos amigos. Uno de ellos apenas se mov\u00eda. Javier se acerc\u00f3 y lo examin\u00f3 concienzudamente.<br> \u2014Creo que est\u00e1 muerto.<br> \u2014Lo est\u00e1.<br> Se miraron. Agacharon la cabeza y se distanciaron. Uno del otro y ambos de los gatitos-beb\u00e9.<br> El Inda cogi\u00f3 una piedra. Otra m\u00e1s. Y otra. Del tama\u00f1o de una patata. Trag\u00f3 saliva. <br> Las lanz\u00f3 contra los gatos, con calma, con rabia, con ira calmosa. Una y otra vez. Javier miraba espantado.<br> Los quejidos se mezclaban con el olor a sangre y las l\u00e1grimas del Inda. Y una voz. La suya: \u00abPara que no sufran. Ir\u00e1n con mi padre, a ese lugar donde van los buenos\u00bb.<br> Javier abraz\u00f3 al Inda, y se entristeci\u00f3 por los gatos. <br> Pens\u00f3 en el diablo. <br> Y vomit\u00f3.                 <\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:right\">Xenia Rambla<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:right\">Noviembre MMXV<\/p>\n\n\n\n<p>                                                                                   <\/p>\n\n\n\n<p><em>(Una an\u00e9cdota de Javier en un pueblo conquense en los setenta, que ha inspirado mi novela actual \u00abTan Adentro\u00bb)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u2014\u00a1Miaaaaaauuuuuuuu! Javier sacudi\u00f3 la cabeza, sin convicci\u00f3n. \u2014Tu madre no te va dejar. \u2014\u00bfQu\u00e9 te apuestas? \u2014\u00bfQu\u00e9 me voy a apostar? Si est\u00e1 cantado. \u2014Tres duros, chaval. Ya lo ver\u00e1s. Volvieron a la aldea. Por la alameda de los vencidos. 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